La demanda de dólares y las constantes intervenciones del Banco Central para sostener el tipo de cambio es una de las grandes preocupaciones que hoy tiene la gestión de la presidenta Cristina Fernández. La otra, también relacionada, es la constante fuga de divisas. Sólo en agosto, la fuga fue a razón de U$S 100 millones por día. Sí, unos U$S 3.000 millones en el mes, de acuerdo con las estimaciones de los economistas del Banco Ciudad de Buenos Aires.

Pero el tema no se queda allí. Según el diagnóstico, al que accedió LA GACETA, el promedio mensual era de U$S 2.000 millones desde mayo. La salida de divisas se aceleró. Si se repite la cifra este mes, la fuga de dólares superaría en el tercer trimestre los picos alcanzados durante la crisis de 2008-09 y podría repetir el récord anual de 2008 (U$S 24.000 millones), advierte el equipo de especialistas conducido por Luciano Laspina.

Con todo, la economía real viene resistiendo honrosamente la sangría de dólares y, al menos hasta hoy, sólo se observa una ligera desaceleración. ¿Qué diferencias existen respecto al período 2008-09 cuando la economía, con similar fuga de dólares, caía a una tasa anual del 3% al 4%?, plantea el informe. Del lado de la oferta, la principal respuesta hay que buscarla en la performance del sector agrícola. "Este año la cosecha subió 7% respecto al año previo y los precios se mantuvieron elevados. Dos años atrás, a la caída en el precio de los materias primas se sumó una sequía histórica -que derrumbó la cosecha un 37%- y explicó casi 2 puntos de caída del PBI", sostiene el diagnóstico.

Del lado de la demanda, la principal diferencia está en los motores del consumo privado. A diferencia de la recesión de 2008-2009, los salarios vienen creciendo de manera vertiginosa. Recientemente se difundieron los datos de julio, que arrojaron un alza salarial promedio del 29% interanual. En el caso del sector privado registrado, la suba trepó al 34% anual. Con una inflación en torno al 22-23%, esto derivó en un aumento del salario real superior al 10% en los sectores sindicalizados. En contraste, durante 2008, los salarios registrados crecían a un ritmo del 19% y la inflación anual llegó al 25%. En 2009, la situación mejoró levemente, con salarios creciendo 17% e inflación en 16%. Es decir, los salarios reales permanecieron casi estancados en aquel período de recesión y fuga de capitales.